Leonard.
Cuando la supuesta cena de boda finalmente terminó, nos dirigíamos a mi mansión. El dolor de la bala que había rozado mi hombro seguía presente, punzante, constante. Lo único que deseaba era llegar a casa, recostarme y dormir unas horas en silencio.
Volteé la mirada hacia Analisse. Estaba sentada a mi lado, con los ojos cerrados y la boca entreabierta, completamente rendida por el cansancio. No sé por qué, pero sentí el impulso de acercarla a mí. Apoyé suavemente su cabeza sobre mi hom