El sol de California se filtraba implacablemente por las ventanas, obligándome a despertar a pesar del cansancio. La luz mañanera me hizo recordar, con una intensidad vergonzosa, el encuentro de anoche. La sensación del agua fresca, la mirada de Marcello… y la urgencia de huir. ¡Qué estúpida! ¿Huir de mi jefe en calzones?
Me levanté de la cama, frotándome los ojos. Ya era lunes, lo que significaba volver a la rutina de llevar a los niños a la escuela y, lo más importante, enfrentar a Marcello en