—Odio los domingos. Es horrible pensar que mañana debo ir a la escuela —Noah dice, con la mirada fija en la pantalla del gran televisor, donde los gráficos ultrarrealistas del videojuego brillan—. Muertoo —hace un bailecito torpe y divertido cuando mata a un jugador con el que ha estado peleando hace un buen rato.
—¿Qué tal tus calificaciones? —pregunto, esperando mi turno.
—No me va excelente como a Aubrey, pero bien —me pasa el mando del Playstation 5 cuando muere, cediéndome el control—. ¿Qui