MILA
—Mila, quería decirte algo —dice—. Si en algún momento tú y Maximiliano necesitan tiempo para ustedes, no dudes en dejar a los niños conmigo.
—Gracias, Natalia —digo—. Lo tendré en cuenta.
Natalia asiente con la cabeza y se vuelve hacia los niños, que están jugando en el suelo.
—Recuerda que ellos tienen a la nana que se queda en la mansión —dice Alisa, que está sentada a mi lado—. Así que no te preocupes por dejarlos solos.
Natalia se vuelve hacia nosotros y sonríe.
—No, no es eso —dice—.