MAXIMILIANO
—Estas muy duro—dice subiendo y bajando la mano, perdiéndome con la delicadeza con que me toma.
—Y tu tienes los senos muy grandes—agarro las tetas disfrutando de la sensación que me llena las manos—Me encanta al igual que todo tu cuerpo.
—Max.
—Ven cabálgame—me siento en el retrete y le clavo mi polla.
Sus gemidos son música para mis oídos, y siento que le debo cada latido de mi corazón. Admiro la entrega de la mujer que me permite explorar su boca con mi lengua, sintiendo su calor