**DAMIAN**
Cuando el viejo salió de la estancia, el silencio se volvió pesado. Elena se soltó de mi agarre y caminó hacia el escritorio del presidente. Se sentó en la silla de cuero, acariciando la madera.
—Este era mi sueño cuando era pequeña —dijo ella con una tristeza infinita—. Sentarme aquí y que mi padre estuviera orgulloso. Ahora me siento en un trono de cenizas.
—A veces hay que quemarlo todo para construir algo que valga la pena —me acerqué a ella por detrás, colocando mis manos sobre