**ELENA**
Damián dejó la tableta a un lado y me miró. No había rastro de la pasión del beso de anoche, solo el hombre de negocios implacable.
—Bien. El dolor es un excelente combustible para el trabajo —hizo una señal y el mayordomo dejó un maletín frente a mí—. Hoy me acompañarás a la sede de Inversiones Valli. Vamos a anunciar la reestructuración.
—¿La reestructuración? —fruncí el ceño—. Mi padre todavía es el presidente.
—Tu padre es un figurón en una oficina lujosa, Elena. Yo poseo el sesen