**ELENA**
Se me arrugó el rostro de inmediato ante su brutalidad protectora y le hice un puchero de frustración contenida, con una audacia indomable que intentaba restarle drama a su pánico corporativo.
—No soy una prisionera de tus muelles, Damián —le respondí en un susurro denso, espeso, tirando de su mano para obligarlo a doblar las rodillas frente a la camilla—. Son tus hijas las que se están abriendo espacio; no puedes ponerle un bloqueo naval a mi cuerpo.
El regreso a la villa costera se