**DAMIAN**Me acerqué a ella, ignorando su intento de retroceder. Tomé su mentón con firmeza, obligándola a mirarme. Sus labios estaban entreabiertos, y por un segundo, la tensión en la habitación se volvió tan espesa que el aire pareció escasear.—Vas a sonreír como si yo fuera tu salvación, Elena. Porque si el mercado sospecha que este matrimonio es una transacción, las acciones de tu padre caerán a cero y él terminará en la calle antes del mediodía. ¿Entendido?“Su piel es tan suave como recordaba, pero su orgullo es lo que realmente quiero quebrar”.—Es usted un monstruo —murmuró ella, aunque no apartó la mirada.—Un monstruo que acaba de comprar tu lealtad. No me hagas perder la paciencia. Tienes treinta minutos.Salí de la habitación sin mirar atrás, sintiendo el peso de su mirada cargada de odio en mi espalda. Bajé al salón principal, donde Mónica, mi jefa de relaciones públicas, ya revisaba una serie de bocetos en su tableta.—Señor Cavalli, la prensa está ansiosa por la prime
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