**DAMIAN**
Cediendo sutilmente a su berrinche, la cargué en vilo con una fijeza rotunda que protegió su anatomía del menor esfuerzo. La trasladé con zancadas lentas hacia el diván de la veranda cerrada, donde la luz templada de la tarde costera comenzaba a teñir los cristales de un tono cobrizo. Nos sumergimos en un encuentro íntimo, pausado y protector; un juego de caricias lentas y demandantes donde mis manos calientes delinearon la curvatura de su vientre, sintiendo el movimiento sutil de la