Enzo salió del ascensor, y rápidamente limpió sus ojos, cuando la irritación, quemó su piel, y algunas lágrimas salieron, aunque trató de mantenerlas dentro de sus ojos.
Se acomodó su traje, y fue hasta la mesa que Zia le había informado, cuando ya vio que alguien estaba sentado allí, mirando cada rato su reloj mientras movía su rodilla incesantemente.
Comprobó su propio reloj, y notó que aún faltaban cinco minutos, y no esperó por llegar a la mesa y colocarse frente aquel hombre.
—Buenas noche