Una semana después, Enzo tomó una aspiración grande cuando colgó el teléfono. Recostó su cabeza al sillón de oficina, y cerró los ojos.
“Señor, ha ganado la demanda de divorcio…”
A pesar de todo, le había ofertado parte de su fortuna a Antonella, y ahora que solo tenía que firmar ese documento para ser libre de ella, sentía una paz que nunca en su vida había experimentado.
Una carga muy pesada se había ido de sus hombros, y solo quedaba la fecha del juicio, para que Antonella diera cuenta de t