84. AL FIN SALVADA
FLAIR:
Arivay no dejó de abrazar la esfera. La calidez de las llamas, que para cualquiera podría resultar sofocante, parecía reconfortarla. Su rostro apacible, aunque marcado por la preocupación, tenía una belleza que siempre me dejaba sin palabras, incluso en los momentos más críticos, como este.
—Flair, nuestra hija ha sido llevada de un lugar a otro; su alma ha sido desplazada tantas veces que ni siquiera sabemos cuánto le ha costado este viaje. Necesita anclarse de nuevo. Tienes que enten