83. CONTINUACIÓN
EL SEÑOR DEL INFRAMUNDO:
Podía sentir las llamas pestañear débilmente a mi alrededor, proyectando sombras tambaleantes en las paredes de piedra. Mi mirada se clavó brevemente en Sirius, quien había escuchado todo, a la espera de que emitiera mi veredicto.
—Vamos a esperar unos días, Sirius —dije al fin—. Si no lo hace, abriré el ataúd y le daré de tomar de la sangre de ella. Mientras tanto, yo cuidaré de Sol y veré cómo apago su luz.
—Muy bien, si usted considera que es lo mejor, lo haremos