127. CONSECUENCIAS DE LA MARCA
ÁRNYÉK:
No le respondí; la besé con pasión, intentando que se olvidara de todo. Quería hacerle el amor lo mejor que pudiera; aunque había leído mucho durante todos mis años, nunca lo había llevado a la práctica con ningún animal, y mucho menos con una humana. Ella se enloqueció y comenzó a moverse desenfrenada, sin control, excitándose más y más, hasta convertirse en una llama ardiente que me lastimaba.
No me detuve; seguí bombeando con todas mis fuerzas. Cuando vi que ella, al igual que yo, estaba llegando al mayor clímax, saqué mis colmillos de vampiro y se los enterré en el hombro a Sol, quien gritó de dolor. Al mismo tiempo, se estremeció en una fabulosa sensación. También sacó sus colmillos de loba sin comprender del todo, y me los clavó en el hombro, a lo que respondí aumentando la presión con los míos.
Una gran esfera de fuego nos envolvió. Levitamos en el aire. Sol había mantenido los ojos cerrados y, al abrirlos, se asustó al ver que me estaba quemando.
—¿Qué sucede, mi Arni?