126. LA MARCA

ÁRNYÉK:

Y sin más, Sol se abraza de mí que, aunque no entiendo nada, me traslado con ella a mi castillo. Al llegar, la deposito intrigado en el piso. Tira de mí hasta la habitación y la veo que comienza a quitar sus ropas. La observo en silencio, sin moverme. Ahora creo que comprendo a lo que se refiere y me gusta la idea, me gusta mucho. Pero papá me dijo que debía evitar hacerlo, hasta que controlara mis poderes o algo muy malo podría pasar.

Salí de la habitación y me dirigí a mi despacho. Busqué el libro sagrado que mi padre me había recomendado; estaba allí, como él dijo. Tenía la intención de ponerme a escribir, pero decidí que era mejor intentar hablar directamente con él.

—Papá… —lo llamé en mi mente.

—Dime, hijo, ¿algún problema? —respondió enseguida.

—Papá, ¿estás seguro de que no puedo tener sexo con mi Sol, y marcarla de esa manera? —pregunté directamente—. Lo necesito, papá.

—Espera unos días, hijo —me pidió papá enseguida.

—No puedo, papá. Tiene que ser ahora —insisto,
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