Melor
El beso es eléctrico, una conexión instantánea que me provoca un escalofrío en la columna.
De repente, ella se retira, su pecho sube y baja con respiraciones rápidas.
—Yo nunca hago esto —murmura, con la voz entrecortada—. Nunca. Ni siquiera en la universidad.
Sonrío y paso mi pulgar por su mejilla sonrojada.
Sin dudarlo, nos sumergimos de nuevo. Nuestros labios chocan, esta vez con más fuerza, con más urgencia. Sus manos se deslizan por mi pecho, agarrando la tela de mi camisa, acercándo