Amelia
Con un suspiro, me levanto. —Debería irme. Tengo que estar temprano en el trabajo mañana—.
Aun así, cuando se inclina y me besa de nuevo, suave pero con ese calor persistente que me hace estremecer, casi cambio de opinión. Me tiemblan las piernas pensando en lo fácil que sería quedarme, pero con la mente gritándome que me concentre, logro apartarme.
—Gracias por esta noche—, digo, tratando de sonar casual, como si lo que acaba de pasar no hubiera cambiado mi vida por completo.
—En cualquier momento.—
Al agacharme para ponerme los zapatos, un repentino estruendo de cristales rompe el silencio. Levanto la cabeza de golpe y ambos nos quedamos paralizados. Una puerta se abre con un crujido desde abajo, un sonido inconfundible.
Lo miro con los ojos abiertos, con el corazón acelerado. —¿Esperas compañía?—, susurro, apenas logrando articular palabra. Su expresión cambia por completo en un instante, pasando de relajada a muy aguda.
Se lleva un dedo a los labios, indicándome que guarde