Otra sonrisa burlona. Se inclina, con la voz apenas un susurro. «Entonces eres el único que no lo es».
La tensión entre nosotros es tan intensa que empiezo a sentirme mareado, como si la habitación diera vueltas. —Dios, qué arrogante eres—, logro decir.
—Solo cuando tengo razón.—
—Y tú crees que tienes razón en todo, ¿verdad?—
El cable se rompe entre nosotros.
Me besa antes de que pueda pensar, antes de que pueda respirar. Un segundo estamos peleando, al siguiente me siento ahogada en él. Su bo