Bogdan arquea una ceja. —¿Quieres que la cosa se ponga tensa?—
—No, quiero que se pregunte si lo haré.—
Me guardo la pistola en la cintura. La calma regresa; me abrocho la máscara.
La violencia no me afecta. Nunca lo ha hecho. Pero esta noche es diferente. La línea entre lo profesional y lo personal se ha roto por completo. Maté a un hombre esta noche, no por diversión, ni por control, ni siquiera por el mensaje. Lo maté porque la asustaba. Fue peligrosamente humano. No propio de mí.
Bogdan sa