—¿En serio?— Me río entre dientes, deslizando una palmada entre nosotros y dándole dos palmaditas en el pecho. —Siento decírtelo, jefe, pero tienes una reunión con Mikail y Denis en una hora—.
Él gime.
—Lo que significa —añado, mientras me libero de sus brazos con un ligero balanceo de caderas— que tienes exactamente cincuenta y ocho minutos para revisar su propuesta antes de empezar a improvisar delante de tus dos lugartenientes más importantes.
—No eres divertido.—
Con un guiño descarado, me