—No. No. Necesito acostarme. O gritar. O captar cada detalle. Preferiblemente las tres cosas.
Miro al camarero. —¿Me traes un refresco con lima, por favor?—
—¿Soda?— Me observa como si intentara leer la letra pequeña. —¿Y no vas a beber vino esta noche porque...?—
—Está bien, ahora estoy oficialmente preocupado—.
Suspiro, con los hombros hundidos mientras el camarero me sirve la bebida. —Puede que esté embarazada—.
Sus ojos se abren de par en par. No dice nada por un instante, solo me observa.