Richard vaciló. Maelik los miraba de reojo, desconfiado, pero estaba demasiado centrado en Raven como para interrumpir. Y, contra toda lógica, Richard aceptó.
Lionel lo jaló a la pista sin darle tiempo de arrepentirse. La música cambió a un tecno latino mezclado con funk brasileño. Lionel lo guió con naturalidad, moviéndose con gracia, riendo, dándole vueltas. Richard al inicio estaba rígido, torpe, como si tuviera un libro en la mano.
—Relájate, cerebrito —susurró Lionel cerca de su oído—. Nad