El amanecer entraba tímido por las cortinas de lino, pintando la habitación con un resplandor cálido. Richard el elmano de Raven, ya estaba vestido: camisa blanca abotonada con torpeza y los pantalones un poco arrugados de la noche anterior. Se detuvo frente a un lienzo apoyado contra la pared.
Sus ojos se agrandaron. El cuadro mostraba a un joven recostado en un sofá de terciopelo gris, completamente desnudo. La luz de la luna entraba por la ventana y bañaba su piel clara, sus músculos tensos