PIERO SANTORINI.
Me gustaba perderme un poco en la preciosa vista que me ofrecía el gran ventanal que tenía en el pent—house de uno de mis hoteles en Roma. Admiraba todo mientras tomaba de mi vaso de whisky, odiaba lo rápido que estaba pasando el tiempo y lo poco que había conseguido saber de mi Ginebra. Georgiano estaba moviendo todas y cada una de sus influencias, pero habíamos perdido tiempo valioso después de que salió de Francia, no pudimos localizarla. Pero sabíamos que se encontraba fuer