Dorian sintió el peso de Somali ceder contra él. Sintió cómo su aliento caliente aún rozaba su pelaje, pero su conciencia ya no estaba ahí.
Dormía.
Un profundo silencio envolvió la escena. Los lobos que lo acompañaban tardaron un par de segundos en procesar lo que acababa de suceder. Pero cuando vieron que la bestia salvaje había sido contenida, finalmente soltaron sus agarres, retrocediendo con cautela.
Dorian, por su parte, no se movió al instante.
Permaneció allí, con su hocico aún apoyado d