Desde el momento en que llegó al Clan, Somali había recibido toda la hospitalidad posible. Nunca le faltó comida, refugio ni abrigo, y los lobos siempre se mostraban dispuestos a responder sus preguntas y enseñarle lo que necesitaba saber para desenvolverse en su nueva vida. Sin embargo, con el paso de los días, comenzó a sentirse inquieta. No quería ser solo una presencia pasiva, alguien que tomaba sin dar nada a cambio. Se negaba a ser una simple espectadora en un mundo que, aunque todavía le