C146: Yo solo quiero que viva.
A pesar del verano que reinaba en los territorios del sur, dentro de aquella habitación apenas se sentía calor. Somali yacía en la cama, cubierta por mantas ligeras, con la mirada perdida en el techo. Su cabello, ahora pegado al rostro por la transpiración, enmarcaba unas facciones cada vez más agotadas, y unas ojeras profundas como si las pesadillas se le hubieran tatuado en la piel.
Zeira y Saphira habían notado desde hacía tiempo que Somali apenas las miraba cuando entraban. Sus manos se afe