C145: Jamás te haría ese daño.
La noche aún envolvía el cielo con su manto cerrado cuando los sollozos de Somali, entrecortados y temblorosos, fueron menguando. Se había quedado abrazada a Dorian, hundida en el hueco de su pecho como si temiera que si lo soltaba, lo perdería también.
El silencio de la madrugada estaba apenas perturbado por el murmullo de las hojas al ser mecidas por el viento más allá de las ventanas cerradas. Aún podía sentir el ardor de la pesadilla en su piel, como si los dedos invisibles que la sujetaban