Cada rincón del territorio estaba impregnado de una angustia muda que nadie se atrevía a nombrar con palabras. La salud de Somali pendía de un hilo, y aunque su cuerpo aún latía, todos sabían que algo profundo estaba quebrándose por dentro. El equilibrio que tanto trabajo había costado mantener durante esos meses se había roto de forma brusca, inesperada y brutal.
Dorian ya no se apartaba de su lado. Dormía a su lado, sentado en el borde del lecho, con la espalda encorvada y las manos sujetando