El teléfono de Mariana vibró por quinta vez aquella mañana. Número desconocido. Otra vez. Lo dejó sonar mientras continuaba organizando su currículum. Tres semanas habían pasado desde la gala, tres semanas desde que había abandonado la mansión De la Vega con apenas lo esencial, tres semanas intentando reconstruir su vida como si los últimos meses hubieran sido solo un sueño febril.
El pequeño apartamento que había conseguido en Chamberí distaba mucho del lujo al que se había acostumbrado, pero