Olga apretaba el volante con sus manos temblorosas, incapaz de controlar el temblor que invadía su cuerpo. La desesperación la envolvía mientras sus ojos saltaban de un lado a otro, nerviosos, tratando de captar cualquier posible peligro. Sabía que había cometido un grave error. No debía haber chocado el auto en el que viajaba Svetlana. Ella nunca actuaba de forma impulsiva, pero esta vez, la sensación de estar acorralada la había empujado a actuar sin pensar. No le importaba que, con lo que ac