Al día siguiente, María caminaba por el pasillo con pasos decididos, pero a mitad de camino, el mundo a su alrededor comenzó a dar vueltas.
Los mareos le llegaron como una ráfaga repentina, haciéndola tambalearse.
Se apoyó en la pared, respirando profundamente, esperando que la sensación se disipara.
«No ahora», pensó apretando los dientes, mientras luchaba por no perder el equilibrio.
Su plan no podía fallar. Tras unos momentos que parecieron eternos, el mareo cedió.
—Aprovecharé mi debili