María, sin embargo, mantenía su sonrisa. —No seas tan duro conmigo, Mikhail. Esto cambiará todo —dijo, dejando un sobre en su escritorio—. Ábrelo cuando quieras.
Mikhail lo miró con desconfianza, mientras María disfrutaba del momento. «Ahora todo va a ser como siempre soñé», pensó. «Mikhail será mío».
Pero cuando él finalmente levantó la vista, lo hizo con una mirada tan fría y calculadora que la sonrisa de María se desvaneció.
—Sergei, trae a un ginecólogo para hacerle una prueba —ordenó Mikha