La pasión acabó con todo raciocinio y, cuando el placer se arremolinaba en el interior de ambos, el orgasmo los hizo gemir sin tapujos.
Anna se encerró en el baño, sintiendo cómo su corazón latía con rabia y vergüenza.
Cerró la puerta con un golpe seco, casi desesperada, y caminó hacia la ducha, con la respiración acelerada, traicionando la tormenta que la devoraba por dentro.
Abrió el grifo con fuerza, dejando que el agua helada cayera sobre su cuerpo, como si la punzada del frío pudiera apag