Aunque la erección de Mikhail había delatado su excitación, Anna empezó a reír sin gracia alguna mientras se levantaba de la cama.
—Debí suponerlo, no haces nada sin esperar algo a cambio, ¿verdad? Lo mismo hiciste antes de saber que Lucas era tu hijo —soltó con decepción.
Comenzó a bajar poco a poco el pantalón de su pijama y la blusa, quedando únicamente con las pequeñas bragas de algodón color azul cielo.
—Anna…
Lo interrumpió ella. —No expliques nada, me rendí, Mikhail.
Él respiró profunda