El ambiente en el bar era opulento, con luces tenues que apenas lograban atravesar la nube de humo de cigarro, mientras las risas de hombres poderosos resonaban entre las paredes de mármol.
En una de las mesas más exclusivas, el amante de la señora Petrova, un hombre de porte arrogante y sonrisa fácil, se encontraba rodeado de sus amigos abogados.
—En un mes y medio, amigos míos, podrán abandonar sus trabajos. Tendrán un futuro brillante trabajando para mí —exclamó con suficiencia, gesticulan