De repente, el sonido agudo que Anna tanto temía se detuvo. Un murmullo de alivio recorrió la sala, y el equipo médico, que hasta ese momento estaba lleno de nerviosismo, comenzaron a respirar más tranquilos.
Uno de los doctores, con la frente perlada de sudor, dio un paso atrás, levantando la vista para intercambiar una mirada de comprensión con los demás.
—Lo logramos —susurró el cirujano principal, bajando las manos de sobre el pecho de Mikhail—. Los signos vitales han vuelto a la normalida