El agresor lo tenía atrapado, pero justo cuando todo parecía perdido, Sergei y varios guardias irrumpieron. Saltaron sobre el hombre, sometiéndolo, mientras él seguía luchando como un animal acorralado.
—¡Lo peor es que no pude matarlo! —vociferaba el hermano de María, con furia descontrolada—. ¡Ese malnacido arruinó la vida de mi hermana, y ahora ustedes celebran como si nada!
Anna, temblando, gritaba en desesperación mientras abrazaba a Mikhail, quien estaba cubierto de sangre.
—¡Llamen una