Aunque había logrado salir de la tormentosa reunión en su oficina, Mikhail no pudo quitarse de la cabeza la tensión que aún pesaba sobre él. Esa tarde, al llegar a casa y mientras entraba por la puerta, algo llamó su atención. Desde el salón principal se escuchaban voces familiares, voces que no deberían estar allí. Intrigado, rodó lentamente su silla de ruedas hacia el salón, pero cuando vio a su padre sentado cómodamente en un sillón junto a Svetlana, su corazón se aceleró por un segundo.
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