La lluvia fría de noviembre caía sin piedad sobre las aceras de Manhattan, lavando el asfalto y empapando mi ropa en cuestión de segundos.
Me abracé a mí misma, temblando, mientras observaba la imponente fachada de cristal negro de Navarro Holdings. Minutos atrás, ese edificio era nuestro imperio. Ahora, las puertas giratorias estaban custodiadas por agentes federales, y nosotros éramos dos extraños exiliados en nuestra propia ciudad.
Caleb se quitó el saco de su traje y lo colocó sobre mis hom