El crujido del chasis del ordenador bajo el zapato de Caleb resonó en el estudio como el eco de un disparo.
Miré los restos del portátil destruido, sintiendo que un abismo se abría bajo mis pies. El oxígeno del penthouse parecía haberse agotado. Mateo no solo había intentado hundir mi reputación; había intentado usarme como un caballo de Troya para desangrar el holding financiero de mi esposo.
—Casi lo logra... —susurré, la culpa apretándome la garganta.
Caleb levantó la vista de los restos plá