El invierno neoyorquino comenzó a ceder su agarre sobre Westchester, pero el deshielo en los jardines de la mansión Pierce no se reflejó en el interior de sus muros. Allí, el clima se había estancado en una perpetua y densa penumbra, un ecosistema diseñado exclusivamente para dos depredadores que acababan de reconocerse mutuamente.
Habían transcurrido seis semanas desde la noche del pacto frente al incinerador. Seis semanas desde que Alexandra redujo a cenizas la llave de su propia salvación pa