El silencio dentro del Museo del Louvre a la una de la madrugada era casi sagrado. No era el silencio de una habitación vacía, sino el eco suspendido de siglos de historia observando desde las sombras. Valerian había alquilado la Galería Daru en exclusiva, un capricho de magnate que le permitía a Alexandra caminar bajo los techos abovedados con el único sonido de sus tacones resonando contra el mármol pulido.
Llevaba un vestido de seda esmeralda que fluía como agua a su alrededor, y un collar d