Perspectiva: Alexandra
El olor persistía. No importaba cuántas horas hubieran pasado desde nuestra reunión con Valerian Frost, ni el viaje en el Maybach de regreso a Westchester. El aroma a pino marino, a bergamota y a ese vino oscuro y dulce de la Toscana seguía impregnado en las fibras de mi vestido y, de alguna manera perturbadora, en mi propia piel.
Estábamos en la suite principal. Las gruesas cortinas de terciopelo estaban cerradas, bloqueando el mundo exterior y sumiéndonos en una penumbr