Perspectiva: Alexandra
El salón privado del restaurante Le Bernardin estaba insonorizado. Una característica que, en retrospectiva, fue una bendición, porque el sonido de la copa de cristal estallando en la mano de Caleb habría alertado a toda la clientela de Manhattan.
Sobre el mantel de lino blanco descansaba una carpeta de cuero negro. Dentro, estaba el contrato. La fusión mediática y de relaciones públicas más grande de la década. Valerian Frost nos estaba entregando, en bandeja de plata, e