Perspectiva: Alexandra
La brisa del Atlántico que acariciaba la costa de los Hamptons no tenía nada que ver con el viento gélido de Nueva York. Aquí, el aire sabía a sal, a pino y a un lujo lánguido y desinhibido.
El coche nos dejó frente a la residencia de Valerian Frost. No era una mansión convencional; era un tributo arquitectónico a la luz y al espacio. Inmensos ventanales de suelo a techo, paredes de piedra blanca y pasillos al aire libre bordeados de esculturas clásicas y vanguardistas. P