Mundo de ficçãoIniciar sessãoMi padre también me miró, pero le sostuve la mirada y entendió lo que quería decir. Nadie mejor que él para comprender el miedo que atenazaba mi garganta ante la presión de tantas vidas que proteger sobre mis hombros. Me apretó la mano y soltó una risa entrecortada que se convirtió en una mueca de dolor.
—Dices bien, hijo —respondió con voz ronca—. No le hagas caso a Rossi. Todavía hay Fabrizio para rato, no te dejaré solo todavía, no aún —repitió al ver mi mirada de preocupación y






