Mundo de ficçãoIniciar sessãoALONSO:
El rugido del motor de mi auto resonaba en las calles desiertas de Palermo mientras ignoraba la avalancha de llamadas entrantes. Con dedos ágiles, marqué el número de mi tío Casio, el fiscal, y le pedí un favor que solo él podía cumplir.
—¡Eres un genio, sobrino! Lo haré ahora mismo —exclamó al escuchar mi petición, su voz cargada de admiración y complicidad. Acto seguido, contacté a Dario, uno de los hackers más peligrosos del mundo junto con Asiri, ambos camuflados





