216. EL DIARIO DEL ABUELO
ALONSO:
El viejo que nos había entregado la caja seguía inmóvil, con los ojos inquietos debajo de esas cejas canosas, observándonos con demasiada atención. Sentí que estaba esperando nuestra reacción, como quien lanza un anzuelo y aguarda paciente el primer movimiento del pez atrapado.
—Tengo que llevar esto a mi padre y mi abuelo —dije, intentando mantener mi tono neutral.
Todavía no podía creer lo que había leído. Sentía que un puñal se hundía en mi pecho, arrancando pedazos de lo que daba po